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Nuestros objetivos

Como Centro educativo

 

  • Lograr la formación integral de la persona mediante el desarrollo armónico de todas sus potencialidades físicas, psicológicas, 8socioculturales, morales y trascendentes.

 

  • Desarrollar las aptitudes personales, estimulando la libertad y la responsabilidad, el diálogo, la creatividad y la investigación científica.

 

  • Fomentar valores de alcance universal como el respeto, la libertad, la paz y la convivencia.

 

  • Educar progresivamente a los alumnos desde la realidad social, cultural y científica, en relación dialéctica con las formas de vida, costumbres y tradiciones de la sociedad en que se desenvuelven.

 

  • Globalizar la mirada sobre la realidad social e intentar marcos universales a la hora de enfocar los problemas o de tratar los grandes temas sociales.

 

  • Afirmar de forma práctica que la interculturalidad representa un espacio moral de encuentro humano y conlleva las exigencias morales de la libertad, el respeto y la complementariedad.

 

  • Crear hábitos de trabajo personal y en grupo con un marcado espíritu creativo, para afrontar las nuevas situaciones y poder participar en la transformación de una sociedad más humana.

 

  • Favorecer la enseñanza personalizada para que nuestros alumnos sean ellos mismos los artífices de su propia educación.

 

Como Centro educativo católico

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  • Anunciar explícitamente la persona y el mensaje salvador de Jesús, porque el alumno “necesita en su educación ejemplos, realizaciones y proyectos claros y positivos de sus aspiraciones más nobles como desarrollo de sus capacidades”.

 

  • Entender la acción educadora como “lugar de evangelización, de auténtico apostolado y de acción pastoral”, con una atención particular al desarrollo de los conocimientos, actitudes y procedimientos que configuran la dimensión espiritual humana.

 

  • Acoger a los alumnos en su realidad concreta, conscientes de que son reflejo de los modos de pensamiento y de vida imperantes. La indiferencia, la duda y hasta la incredulidad son fenómenos comunes de toda la juventud contemporánea.

 

  • Ofrecer a los alumnos un tipo de Centro educativo que, además de garantizar un alto grado de competencia profesional, sea aula de evangelización porque abarca todas las dimensiones del ser humano –también la religiosa–, y sus educadores son testigos de los valores del espíritu y de la presencia de la Iglesia en el mundo de la cultura.

 

  • Transmitir una educación cristiana que haga posible la experiencia personal y comunitaria de la fe e impartir una enseñanza religiosa escolar de acuerdo con las orientaciones de la Iglesia católica.

 

  • Formar a nuestros alumnos para que actúen en la vida, individual y colectivamente, según criterios y actitudes evangélicas.

 

  • Acompañar en la fe y en la vivencia progresiva de la vida sacramental a los alumnos, profesores, padres de alumnos, tutores legales, personal de administración y servicios y colaboradores –en un marco de libertad religiosa–, sin olvidar la atención, el diálogo y el respeto hacia otras opciones religiosas distintas a la católica.

 

  • Fortalecer y subrayar la importancia del Departamento de educación en la fe, verdadero núcleo dinamizador de las actividades que encarnan los valores cristianos, las grandes opciones definitorias del Centro y la educación moral de los alumnos en la doble dimensión personal y social. El Departamento de educación en la fe, por tanto, ocupa un lugar central en el organigrama escolar y vela por los programas de pastoral y las acciones explícitas encaminadas a impulsar el proceso dinámico y global de la evangelización.

 

Como Centro educativo agustiniano

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  • Educar para el estudio, la reflexión y la interioridad con el fin de descubrir las verdades que aportan la ciencia y la técnica, y, con la ayuda de la gracia, encontrar «la verdad eterna donde el Maestro bueno y único instruye a todos sus discípulos» (San Agustín - Confesiones XI, 8,10).

 

  • Mantener un diálogo permanente entre fe y cultura para llevar a los alumnos a la búsqueda de Dios desde la propia interioridad y como tarea ininterrumpida que ocupará la vida entera. «Busquemos a Dios… Busquemos a quien debemos encontrar y sigámosle buscando una vez encontrado. Está oculto para que le busquemos; y es inmenso para que, aún después de hallado, lo sigamos buscando» (San Agustín - Tratados sobre el Evangelio de San Juan 63, 1).

 

  • Desarrollar la dimensión humana de la interioridad como lugar privilegiado para la plena humanización y para descubrir a Dios. «Es al hombre interior a quien habla Dios. Los oídos, los ojos, los restantes miembros visibles son morada o instrumento de alguien que mora en el interior» (San Agustín - Sermón 53, 15).

 

  • Promover dentro de la comunidad educativa la espiritualidad de comunión, que nos convierte a todos en condiscípulos que compartimos una verdad común que «no es mía, ni tuya, para que pueda ser tuya y mía» (San Agustín - Comentarios a los Salmos 103, II, 11)

 

  • Articular la máxima inclusividad y la adecuada flexibilidad del sistema educativo, de modo que sea posible una cultura comunitaria y de acogida como ejercicio de verdadera solidaridad y de atención real a los alumnos con necesidades específicas.

 

  • Hacer del alumno una persona consciente de sus valores y metas pero nunca desvinculado de los demás, ya que su crecimiento se realiza y desarrolla en la relación con los otros.

 

  • Iniciar al alumno en la vivencia de la amistad como proceso de apertura a los demás y a la trascendencia.

 

  • Cuidar la ecología educativa –clima humano, instalaciones materiales, decoración de las aulas…–de modo que los alumnos se sientan felices en su trabajo, en las relaciones con profesores, compañeros y compañeras, personal colaborador y en todas las actividades de la vida del colegio.

 

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