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Carácter propio de nuestro Centro

        6La familia agustiniana tiene una larga historia educativa y ha desarrollado su actividad en los más diversos ámbitos sociales. Su espíritu y estilo de educar siguen vivos y sintonizan con la sociedad actual y las demandas del mundo contemporáneo, de tal manera que se asumen como principios básicos de la educación la Declaración Universal de Derechos Humanos, la Declaración de Derechos del Niño, los documentos sobre educación de la Iglesia y el marco constitucional y Educativo español.

 

        Por otro lado, eso no impide que los pilares básicos nuestro centro entronquen con la larga tradición educativa agustiniana y el estilo pedagógico propio de las Agustinas, que inspirado en el lema de San Agustín “Amor y Ciencia”, busca el desarrollo pleno de las dos dimensiones del ser humano que, según san Agustín, son:

 

Personal


        En inquieta búsqueda de la verdad, por el camino de la interioridad, para llegar a la trascendencia. «Vuelve a tu corazón y desde él asciende a tu Dios. Si vuelves a tu corazón, vuelves a Dios desde un lugar cercano» (San Agustín - Sermón 311,13).

 

Comunitaria


        Que se concreta progresivamente en solidaridad-amor-fraternidad, porque «no hay peldaño más seguro para subir al amor de Dios que la caridad del hombre para con los demás»

(San Agustín - Las costumbres de la Iglesia católica I, 26, 48)

 

5        Así, pues, el Centro educativo agustiniano se caracteriza por:


 

  • Un progresivo aprendizaje que conduce al conocimiento siempre creciente de toda la realidad, especialmente del hombre y de Dios.

 

  • Una sincera y noble apertura a todos los seres humanos para construir una sociedad más fraterna y solidaria.

       

        Las dos dimensiones de la antropología agustiniana presuponen las siguientes actitudes:


 

  • Valoración positiva como persona, para que cada alumno y alumna emprendan con honestidad el camino de la propia realización: “no andes mirando qué tienes, sino quién eres” (San Agustín - Sermón 127, 3) y aceptación esperanzada de uno mismo como principio de superación: “Reconozcamos nuestra imperfección, para merecer la perfección” (San Agustín - Sermón 142,14).

 

  • Capacidad de diálogo y aceptación mutua en un ambiente de libertad.

 

  • Cultivo del espíritu crítico como garantía de libertad frente a las opciones totalizadoras de la ciencia, de las ideologías o de la vida.

 

  • Voluntad de adaptación a los tiempos y de sensibilidad a los problemas de los demás.

 

  • Clima de cercanía y amistad que favorece el respeto a la persona en su ámbito concreto, abierto siempre a lo comunitario.

 

  • Vida de fe en Jesucristo, con el que se vive una singular historia de amistad.

 

  • Testimonio de la propia vida como base de toda pedagogía humana y cristiana.

 

         La vida se nos ofrece como don y tarea apasionante de llegar a ser persona. Se trata, por tanto, de un proyecto que va más allá de la adquisición de una cultura y unas habilidades: «La ciencia se debe emplear como un cierto andamio por el que va subiendo la estructura de la caridad, que permanece para siempre, aun después de la desaparición de la ciencia» (San Agustín - Carta 55, 21, 39).

 

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